Bienvenidas a mi tribu

Bienvenidas a mi tribu

Cuando estaba embaraza me regalaron el libro de Carolina del Olmo ¿Dónde está mi tribu?, y no imaginé ni remotamente lo importante que sería ese descubrimiento en mi vida de madre. El concepto de tribu en la maternidad. El hecho de poder crear una red de apoyo que nos acompañe en nuestra crianza y que, a pesar de todas las dificultades, haga que las cosas sean un poco más comprendidas.

Con la tribu me refiero a sentirnos respaldadas, escuchadas y entendidas, ya sea con amigas, pareja, familia, vecinas, mamás del parque, quien sea. En definitiva, se trata de sentir que no estás sola, que puedes contar con alguien que te ayude con tu maternidad y que te entienda, por supuesto, sin juzgarte. Y puede ser que estés rodeada de gente, pero con eso no basta, tienes que sentir que esa gente está ahí, y que te apoya y que te cuida, sin condiciones. No solo somos nosotras las que tenemos que cuidar, también necesitamos ser cuidadas.

La soledad de la maternidad

Esto quizá pueda parecer muy fácil desde fuera. ¿Quién no tiene alguien con quien poder hablar? Si, es cierto, pero una cosa es que esas personas estén ahí y otra muy diferente es que realmente nosotras contemos con ellas cuando más las necesitamos. La realidad del día a día, por desgracia, hace que muchas más madres de las que debieran se sientan solas o incomprendidas, o por lo menos no tan acompañadas como debieran. A mi me pasó, y puede que a ti también. Muchas veces no recurrimos a la gente por miedo a ser juzgadas, porque no nos sentimos cómodas, porque no queremos “molestar” a los demás, o simplemente, porque no nos sentimos confiadas. Lo que hace que el camino de la maternidad sea aún más difícil de lo que ya es.

La sociedad debe ayudar a las madres

La maternidad es algo maravilloso a nivel individual, pero también algo esencial como sociedad, a lo que creo que se debería de prestar mucha más atención de la que se presta actualmente. Bueno, atención como tal se presta, pero no me refiero a ese tipo de atención, sino atención a las madres, a nuestro bienestar, a nuestras necesidades, a nuestra vulnerabilidad. Tenemos que escuchar a las madres y alzar nuestra voz para que, como sociedad, podamos dar respuesta a las necesidades y demandas reales. No podemos olvidar el papel tan crucial que representamos las madres para el desarrollo de nuestra sociedad, ya que aunque parezca un cliché, sin niños no hay futuro, por lo que sin madres, tampoco.

Cuando nos convertimos en madres tenemos esa presión impuesta, incluso por nosotras mismas, de ser “madres perfectas”, de hacerlo todo bien, y muchas veces eso hace que no mostremos los aspectos más negativos de la maternidad, que los tiene, y que hay que preocuparse por visibilizar, igual o más que los buenos. Parece que cuando tienes un bebé todo tiene que ser perfecto, no puede haber nada que te haga sentir mal, tienes que ser super feliz el 100% de tu tiempo, y muchas veces, no nos atrevemos a decir realmente lo que pensamos o cómo nos sentimos por miedo. Y todo esto hace que poco a poco nos vayamos guardando todo hasta que el sentimiento de soledad se hace un gigante que se apodera de nosotras.

La necesidad de apoyo

Por eso, entre otras cosas, es tan importante crear una tribu, crearnos ese círculo en el que poder apoyarnos unas a otras, sentirnos tranquilas y cómodas, sin ser juzgadas ni juzgar, donde se visibilice la vulnerabilidad, los miedos, la culpa, y todos esos sentimientos que vienen acompañando a toda maternidad. Y claro, por supuesto también la felicidad, el amor infinito, las risas y todo lo fascinante de esta etapa, pero eso, creo, siempre es más sencillo y estamos más acostumbradas a escucharlo en todos los lados.

Hiperconectadas y solas

En la crianza, parece como si hoy en día hubiera dos realidades enfrentadas y que parecen poco coherentes entre sí. Por un lado, tenemos las nuevas tecnologías, las redes sociales, el whattsapp, los blogs, los foros, etc., que hacen que puedas hablar con mujeres de cualquier parte del mundo, de cualquier tema, bajo cualquier punto de vista, y casi en cualquier momento del día. Y que, lógicamente, hace que esa sensación de soledad sea menor y -aunque no sea físicamente-, te sientas acompañada.

Pero por otro lado, con esta sociedad tan globalizada y tan enfocada en el individuo, hemos perdido el contacto diario con la gente, con nuestro entorno más cercano. Lo que antes era normal que lxs niñxs se criaran en comunidad, hoy es impensable. Parece que la crianza debe recaer única y exclusivamente en su madre y su padre (por desgracia, sigue sin ser a partes iguales), con la enorme responsabilidad que eso conlleva y, una vez más, el sentimiento de soledad y la ansiedad para las madres y padres en el mejor de los casos, solo para las madres, en la mayoría.

Lo enriquecedor de lo diferente 

Tener una tribu no significa que todas tengamos que pensar o hacer igual, pero sí respetarnos, sin juzgarnos y apoyarnos. De hecho, lo bueno es que sea diferente, así, lo que en un principio podías pensar que no lo harías nunca, si ves que alguna otra mamá lo hace o le funciona, puedes cambiar de opinión. Es muy enriquecedor ver formas de hacer y de pensar diferentes. Tenemos que ayudarnos las unas a las otras, de eso se trata la tribu, de acompañar, escuchar y ayudar.

Algo que me gustaría resaltar y que veo cada día dese que soy madre, es la capacidad que desarrollamos las mujeres al convertirnos en madres de apoyarnos y ayudarnos. No quiere decir que antes no fuéramos empáticas entre nosotras, sino más bien que este sentimiento de entendimiento se multiplica. Esa sororidad se vuelve aún más crucial en esta etapa para el apoyo y entendimiento de las madres.

Vamos a crear nuestra tribu para escuchar y ser escuchadas, para entender y ser entendidas y, sobre todo, para no juzgar a ninguna madre. ¿Te unes?

 

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